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Carolina Rojas VillagránPsicóloga clínica
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Apego y Vínculos· 5 de octubre de 2026

Aprender a volver: El amor como el camino de regreso

Quizás una parte de amar sea aceptar que a veces nos perdemos. Que hay distancias, silencios y desencuentros, pero también una posibilidad de volver a encontrarnos.

Aprender a volver: El amor como el camino de regreso
Kevin Johansen “El Círculo”
Acuéstate y duérmete para despertar
Sonriente y feliz
Despiértate, levántate para cansarte
Y volver a dormir
El círculo da la vuelta
Y al terminar, la vuelve a dar…
Discúlpame, perdóname para que puedas
Ofenderte otra vez
Enójate, castígame para que puedas
Quererme después
El círculo da la vuelta
Y al terminar, la vuelve a dar
Yo te olvidé
No me olvido más…

Hay algo de la vida que siempre me ha conmovido: su forma circular.

En la canción “El círculo”, Kevin Johansen canta sobre esos movimientos que parecen contradictorios: entregarse para después irse, enojarse para después volver a querer. Y pienso que quizás los vínculos se parecen bastante a eso.

Sue Johnson, creadora de la Terapia Focalizada en las Emociones, hablaba de la pareja como un baile de encuentros, desencuentros y reencuentros.

Sintonizamos. Nos desintonizamos. Y volvemos a sintonizar. Porque no podemos estar permanentemente conectados. Habrá momentos en que nos alejemos, nos irritemos, nos cerremos o simplemente no logremos encontrarnos. Momentos en que el otro diga algo y lo escuchemos desde nuestra propia herida. Momentos en que estemos demasiado cansados, asustados o dolidos como para poder acercarnos. La desconexión es inevitable.

Y quizás eso sea importante de recordar, porque a veces esperamos que una relación segura sea una relación en la que casi nunca nos perdamos. Como si discutir, alejarnos o dejar de sentirnos cerca fuera una señal de que algo está mal. Pero quizás la seguridad no está en no desconectarnos nunca. Está en saber volver. Volver después de una discusión. Volver después del silencio. Volver después de sentirnos solos estando juntos. Volver a mirarnos y poder decir: “Aquí estoy. Te escucho. Entiendo que esto te dolió. Lo siento. Intentemos encontrarnos de nuevo”.

Porque lo que sostiene una relación no es solamente la conexión, sino también la capacidad de reparar cuando esa conexión se pierde. Tal vez amar tiene algo que aprender de esa danza: reconocer cuándo nos estamos alejando, poder acercarnos de nuevo y confiar en que el desencuentro no necesariamente es el final del vínculo. Que podemos perdernos un poco y, aun así, encontrarnos. Sintonizar, desintonizar y volver a sintonizar.

Quizás el amor también sea eso: aprender, una y otra vez, el camino de regreso.

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